Boletín informativo: Vivienda adecuada y resiliente para las comunidades étnicas

Presentamos el boletín “Vivienda adecuada y resiliente para las comunidades étnicas”, con énfasis en el trabajo desarrollado junto a familias tolupanas de Morazán, Yoro.

Honduras. Hay cambios que no siempre empiezan por una puerta nueva ni por una pared recién levantada. A veces empiezan más abajo: en el suelo que una familia pisa todos los días, en la cocina donde el humo deja de llenar la casa, o en el agua que se vuelve más segura.

Con esa mirada, presentamos el boletín especial “Vivienda adecuada y resiliente para las comunidades étnicas”, una publicación que documenta el trabajo realizado por Hábitat para la Humanidad Honduras para acompañar a comunidades étnicas del país mediante soluciones habitacionales sostenibles, asistencia técnica y participación comunitaria.

Descargue el boletín aquí: VIVIENDA ADECUADA Y RESILIENTE PARA LAS COMUNIDADES ÉTNICAS

El documento reúne datos, fotografías, testimonios y resultados de una intervención desarrollada en comunidades tolupanas de Morazán, Yoro, donde muchas familias enfrentan condiciones de habitabilidad que afectan su salud, seguridad y bienestar cotidiano: pisos de tierra, exposición al humo dentro del hogar, saneamiento limitado y viviendas con necesidades de mejora progresiva.

En la aldea Caridad, con fondos de Hábitat para la Humanidad Metro Denver y apoyo de la Alcaldía Municipal de Morazán, desarrollamos una intervención integral que benefició a 41 familias, equivalentes a 200 personas, durante 12 meses de trabajo. El proyecto combinó soluciones de vivienda saludable, capacitación comunitaria, participación familiar y respeto por la identidad cultural del pueblo tolupán.

Entre los principales resultados destacan la construcción de 35 ecofogones, 32 pilas de concreto, 28 unidades sanitarias o letrinas y 26 pisos de concreto. Más allá de las cifras, el boletín muestra cómo estas obras tienen un impacto directo en la vida diaria: reducen la exposición al polvo, la humedad, los parásitos y el humo dentro del hogar; facilitan la higiene; ordenan los espacios familiares; y contribuyen a crear ambientes más saludables, seguros y dignos.

“Ahora todo pasa más limpio. Cuando barro, no hay polvo, y cuando trapeo, es más rápido porque no está sucio como antes. Además, mi hijo también pasa más limpio cuando juega”, relata Guillermina, una de las beneficiarias, en el boletín especial.

La publicación también aborda el valor de los ecofogones como una solución que mejora la calidad del aire dentro de las viviendas y reduce el consumo de leña. “Ahora, con el ecofogón, gasto menos leña y con eso se ahorra dinero y trabajo. También se hace menos humo cuando cocino, y eso es algo bueno para nosotros en la familia”, expresa Diana, otra participante del proyecto.

El boletín destaca, además, que la vivienda adecuada no se limita a la infraestructura. Por eso, la intervención incluyó capacitaciones sobre mantenimiento básico de la vivienda, manejo adecuado del agua, distribución de espacios para evitar el hacinamiento, identificación de riesgos estructurales, higiene en el hogar, salvaguardia y mecanismos de denuncia.

El proyecto incorporó la equidad de género como eje transversal, promoviendo la participación de mujeres y hombres en la formación, la toma de decisiones y el cuidado del hogar. También reconoce el papel clave de las mujeres en la salud familiar, la organización comunitaria y la sostenibilidad de las mejoras.

La intervención se complementó con componentes de soberanía alimentaria, medios de vida y autogestión indígena. Cuarenta familias aprendieron sobre soberanía alimentaria mediante herramientas de mapeo de patrimonios físico-cultural, natural-humano y financiero, mientras que los procesos de gobernanza fortalecieron consejos tribales, liderazgos, espacios de diálogo y la construcción de un Plan de Acción Comunitario.

Con este boletín especial, Hábitat para la Humanidad Honduras busca compartir una experiencia que confirma que la vivienda adecuada es mucho más que una obra física. Es salud, seguridad, arraigo, participación comunitaria y respeto a la identidad cultural. Es, también, una forma concreta de acompañar a las familias para que puedan permanecer en sus territorios con mayor dignidad y resiliencia.

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